Nació del cartón como quien emerge del polvo cósmico.
Su cuerpo es hueco, poroso, lleno de ojos que no miran.
Tiene la rigidez de lo hecho a mano y la fragilidad de lo divino.
Camina con patas de pliegue ondulado, entre gestos rotos y cavidades que respiran.
Aunque su presencia es firme, nunca está del todo.
A veces vibra como un coro de personalidades que chillan sin acordar.
Zacarías no entiende los móviles ni el presente:
le gustan los gatos y las estafas piramidales.
Es un ángel jubilado en forma de señor divorciado.
Lo imperfecto lo hace irresistible.
Entre hueveras y antenas se cuela el oro de lo absurdo.
Y aunque podría colapsar el mundo con su verdadera forma,
prefiere este disfraz de cartón,
esta materia con historia,
este gesto que no oculta la mano que lo hizo.